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title: "La poesía argentina que recuerda a las Islas Malvinas"
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description: "Cada 2 de abril conmemoramos el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas, uno de los momentos más brutales de la historia argentina moderna."
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date_modified: "2026-04-02T23:36:56-03:00"
author_name: "Sol Martina Alvarez Ortiz"
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# La poesía argentina que recuerda a las Islas Malvinas

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Para rememorar esta fecha, La Brújula seleccionó diez composiciones literarias de la colección *Poesía argentina y Malvinas: Una antología (1833-2022).*Este libro abarca 189 años de poemas y es posible gracias al cuidadoso trabajo de selección y clasificación realizado por Enrique Foffani y Victoria Torres (profesores en Letras de la Universidad de La Plata), en numerosos archivos públicos y colecciones privadas.

Esta obra se encuentra disponible en [https://www.libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/195](https://www.libros.fahce.unlp.edu.ar/index.php/libros/catalog/book/195) y puede descargarse como EPUB o PDF.

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## "Un Agua Fría", Miguel Ángel Pérez (Santa María, Catamarca 1930 – Salta 2013)

Madre, voy a las Islas,  
¡no soy isleño!  
Ay, madre, no me llores  
si es que no vuelvo.

Ya no he de verte, madre,  
voy a las Islas,  
donde es toda la tierra  
un agua fría.

Madre, puerta por puerta  
diles mi nombre

y cuando caigan todos  
los aldabones  
señálame la frente  
de los traidores.

Siembra es tu llanto, madre,  
allá en las Islas…  
Riega con él mis huesos,  
son la semilla.

Ay, no me dejes, madre,  
solo en las Islas.  
¡Ay, madre de los muertos!  
¡Ay, Patria mía!

## *"La Hermanita Perdida"*, Atahualpa Yupanqui (Buenos Aires, 1908 - Francia 1992)

*(Homenaje a las Malvinas Argentinas)*

De la mañana a la noche.  
De la noche a la mañana.  
En grandes olas azules  
y encajes de espumas blancas,  
te va llegando el saludo  
permanente de la Patria.  
Ay, hermanita perdida,  
hermanita: Vuelve a casa.

Amarillentos papeles  
 te pintan con otra laya.  
 Pero son veinte millones  
 que te llamamos: Hermana…  
 Sobre las aguas australes  
 planean gaviotas blancas.  
 Dura piedra enternecida  
 por la sagrada esperanza.  
 Ay, Hermanita perdida.  
 Hermanita: Vuelve a casa.

Malvinas. Tierra cautiva  
de un rubio tiempo pirata.  
Patagonia te suspira.  
Toda la pampa te llama.  
Seguirán las mil banderas  
del mar, azules y blancas.  
Pero queremos ver una  
sobre tus piedras clavada.  
Para llenarte de criollos.  
Para curtirte la cara  
hasta que logres el gesto  
tradicional de la Patria.

¡Ay, Hermanita perdida.  
Hermanita: Vuelve a casa...!

## *"I"*, Enrique Gonzáles Trillo (Buenos Aires 1904 -1994)

ESTAS ISLAS SON NUESTRAS. Lo sabemos  
y el mundo entero sabe que son nuestras,  
pero hace más de un siglo que callamos  
y soportamos la terrible afrenta.  
Estas Islas son nuestras y nos fueron  
arrebatadas sin que nada pueda  
decir cómo hasta ahora hemos dejado  
que una mano pirata las retenga.

Estas Islas son nuestras desde siempre,  
un solo ser con nuestra patria vieja,  
con la que en Mayo reclamó su puesto  
para enfrentarse con la vida plena.

De la España ancestral de los mayores  
son también estas Islas nuestra herencia:  
allá anclaron seguras nuestras naves  
y tremoló vibrante nuestra enseña.

Están allí perdidas nuestras Islas.  
No dejemos que solas en su pena  
vivan muriendo de ansiedad ahora  
y que uncidas al yugo permanezcan.

No las desamparemos en su angustia,  
librémoslas al fin de su condena,  
luchemos porque vuelvan a la patria:  
ESTAS ISLAS SON NUESTRAS.

## *"Nuestras Malvinas"*, Julia Prilutzky Farny (Kiev, Ucrania 1912 –Buenos Aires 2002)

Un cortinado extraño las separa,  
nos divide. Las cubre  
como un telón de niebla y de palabras.  
Amazonas nostálgicas  
emergen entre espumas  
galopando en el tiempo indetenible  
mordidas por la sola  
perseguidas, golpeadas por un viento  
que enreda cabelleras, crines, nubes  
y va mezclando el agua con las lágrimas.  
Están ahí. Las vemos. No las vemos:  
desaparecen, brotan, se sumergen,  
todavía no son una presencia.  
Pero son la esperanza.  
   
Me cuentan que son grises. Que están grises.  
Señor: yo no lo sé. No con los ojos:  
con este corazón, Señor, las veo.  
Patagónicos llanos,  
horizonte de musgos y de arena,  
perspectiva de alas  
cubriendo roquedales,  
peñascos enfrentados con el mar  
y algas en los jardines submarinos.  
Amazonas nostálgicas,  
con este corazón, Señor, las miro.  
   
Pero algún día el sol  
un sol que conocemos  
un sol que adivinamos  
–aquél de la bandera y del escudo–  
disolverá la bruma  
deshará la neblina.  
Y se alzarán entonces, entrañables,  
surgiendo de las aguas para siempre,  
amazonas celestes,  
amazonas doradas,  
deslumbrante avanzada de la patria.

## *"Las heridas son sólo violaciones del aire"*, Samuel Bossini (Santiago del Estero, 1957)

Las heridas son sólo violaciones del aire,  
una fija marca que se alarga.  
Sólo importa pasar la puerta,  
apisonar la tierra y flexionar las rodillas,  
estar alerta para que la boca lance lo que tiene menos sentido.  
La piel es un alma que sabe que jamás será virgen.

## *"Juan López y John Wars"*, Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899 – 1986 Ginebra, Suiza)

Les tocó en suerte una época extraña.  
El planeta había sido parcelado en diversos países, cada uno provisto de  
lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico,  
de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres  
de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa  
división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.  
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las  
afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había  
estudiado castellano para leer el Quijote.  
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una  
aula de la calle Viamonte.  
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas  
islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada  
uno, Abel.  
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.  
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

## *"Invierno Eterno"*, Angelina Coiçaud (Sarmiento, Chubut 1952)

Duele la noche en el viento  
que se alza desde las Islas.  
La luna olvidó sus plenilunios  
escondida en un mar revuelto,  
oscuro de tormentas.  
Los aviones sacuden los sueños.  
Las madres no duermen,  
155  
hacia el cielo del sur van las plegarias;  
un presentimiento ata gritos en la garganta.  
Dicen que las Islas son nuestras,  
que los hijos sembrarán su sangre  
que la historia escribirá los nombres, dicen.  
Duele la piel helada,  
los muñones de nuestros hermanos  
arañando las matas en busca de abrigo.  
Digo,  
Son demasiado jóvenes para inaugurar el luto  
en las vísperas de un invierno eterno.

## *"Los héroes están aquí"*, León Benarós (Villa Mercedes, San Luis 1915 –Buenos Aires 2012)

Están haciendo la Historia.  
Se llaman Juan, Pedro, Luis.  
No figuran en los libros,  
pero son héroes de aquí.  
Seguro, más adelante  
serán tema estudiantil.  
Ahora son de carne y hueso,  
los héroes están aquí.  
Tienen apenas veinte años  
y un bocito juvenil.  
Pero les sobra coraje,  
los héroes están aquí.  
Se asombran los veteranos  
del imperialismo vil.  
Seguro que no comprenden:  
los héroes están aquí.

Están haciendo la Historia  
veinteañera y juvenil  
con sus jefes y oficiales,  
los héroes están aquí.

Soldados en las Malvinas,  
saben por qué combatir.  
¡Honor a la Patria joven!  
Los héroes están aquí . . .

## *"Y me lo dijo"*, Laura Marina Panizio (San Martín, Buenos Aires 1977)

Me dijo que se había quemado la cara. Pero sin decirlo. Que no veía,  
que le colgaban cosas. Como velas derretidas en la piel. Que tenía calor,  
cuando tenía frío. Que se hundía el buque.  
Empezó por el final, y terminó por el principio. Y me decía que se  
había quemado la cara, pero sin decirme. Que escuchó un estallido,  
que intentó ayudar a otros, que se caía, que no veía. Que estaba adentro  
y salió afuera. Que dejaron caer al mar las balsas, y a las balsas los  
cuerpos, y a los cuerpos otros cuerpos. Que había quedado en el fondo.  
No en el fondo del mar. En el fondo de los cuerpos.

Que no veía, y no podía hablar. Que no podía moverse, que estaba duro,  
que parecía muerto. Que sus ojos no advertían, por estar quemado,  
aunque no me lo decía. Me dijo que hizo lo imposible para que se dieran  
cuenta que estaba vivo. Pero sólo podía mover los dedos de los pies  
cuando se fueron todos. Y quedó en el fondo. En el fondo de las balsas,  
no en el fondo de los cuerpos. Y me dijo que fue posible.  
  
Y al final de todo, al principio de su historia, finalmente me dijo. Me  
dijo que se había quemado la cara. Ahora sí, con la cara achicharrada,  
me contó que se había hundido el buque. Pero no era sólo un buque, era  
un crucero. Me dijo que se desplomó el Crucero, pero no era cualquier  
crucero, era el ARA General Belgrano. Me dijo que él sabía del miedo,  
pero no de cualquier miedo: del miedo a la muerte. Me dijo que estuvo  
en la guerra. Pero no era cualquier guerra, era la única Guerra. Era la  
de Malvinas.

## "Mi derecho a deambular", Daniel Calabrese (Buenos Aires 1962)

No hay diferencia entre amigos  
y enemigos  
cuando todos están muertos.  
Muertos de frío y de sed,  
atravesados por los ríos  
como un mapa de provincia.

Una vez me dijeron: esto ya pasó,  
porque todo sucede en el futuro,  
la vida está adelante.  
Ustedes son primer relevo, soldados,  
irán al combate apenas empiecen  
a regresar los muertos.

No sabía que era condición de los muertos  
el regreso.  
Los traían en bolsas plásticas,  
hinchados y con la lengua seca.  
Supe que esas luces que me hablaban  
eran ellos.  
Váyanse, váyanse, les grité sin alzar la voz,  
que si ustedes regresan nos enviarán al frente.  
Pero se reían, no me duele, dijo uno,  
tengo sed, tengo sed, repetía.

Este es un idiota, no sabe  
que el primer trabajo de un muerto  
es regresar, dijo el otro.  
Y empezó a nevar, a nevar,  
y no paró nunca de nevar.

Discutían sobre el color del cielo.  
Yo lo veo gris.  
No, no tiene ningún color.  
Y se extraviaron.

La nieve era tan blanca como esa luz  
que emana de los soldados cuando  
los atraviesa el futuro.

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