El neumonólogo Luis González Lelong advirtió que sería “temerario” que el Papa viaje en avión antes de un mes tras su cirugía pulmonar

El especialista analizó en el programa La Brújula la intervención quirúrgica practicada a León XIV por un adenocarcinoma, explicó los riesgos de las variaciones de presión en cabina y remarcó que la detección precoz y la extirpación del lóbulo ofrecen altas probabilidades de curación.
Actualidad18 de octubre de 2026

Un viaje en avión antes de las cuatro semanas posteriores a una resección pulmonar implica un riesgo clínico innecesario y potencialmente grave. Así lo definió el médico neumonólogo Luis González Lelong al evaluar el posoperatorio del papa León XIV, intervenido recientemente para extirparle un lóbulo pulmonar afectado por un adenocarcinoma. Durante una entrevista en La Brújula, el especialista desaconsejó de forma tajante cualquier traslado aéreo en el corto plazo frente a las versiones sobre una posible gira latinoamericana en las próximas semanas.

“Poner a un paciente que ha sido operado de pulmón en un avión es temerario en el corto plazo. Antes del mes, yo no le permitiría subir a un avión porque las posibilidades de neumotórax en el avión son mayores en un paciente que ha sido operado que en un paciente que no ha sido operado”, sostuvo González Lelong. El médico fundamentó su postura en la física de cabina y en la mecánica respiratoria: “En el avión hay alteraciones en la presión, no es la misma presión atmosférica que está a nivel del mar. Eso puede generar un trastorno en las presiones intratorácicas que pueden producir una pérdida de aire y generar un neumotórax. No estaría bueno para el que lo permite que viaje en el avión que le pase esto en el vuelo, es una emergencia”.

La advertencia contrasta con la evolución favorable que mostró el Pontífice en las primeras horas posteriores al quirófano. De acuerdo con el especialista, la técnica empleada —una videotoracoscopía con sutura mecánica para cerrar la zona intervenida y la pleura— exige un proceso de cicatrización que no debe someterse a descompresiones prematuras. González Lelong explicó que, si bien la herida pulmonar suele sellar con rapidez y el alta sanatorial puede concretarse en torno a los siete días para evitar infecciones intrahospitalarias, la restitución de la dinámica pleural requiere un seguimiento estricto mediante radiografías de control.

Respecto al origen y gravedad de la afección, el neumonólogo aclaró que el adenocarcinoma es un tumor de origen glandular muy frecuente en patología pulmonar, no necesariamente asociado al consumo de tabaco. En el caso del Papa, la presencia del nódulo fue advertida tempranamente. “Las características radiológicas indicaban que tenía mucha chance de ser maligno. Cuando fueron a operar, ya sabían, tenían la alta presunción de que eso era maligno”, detalló.

El profesional remarcó que la anatomía pulmonar permite que cada lóbulo funcione de manera autónoma, con su propia irrigación y vías bronquiales, por lo que una lobectomía no inhabilita al paciente para llevar una vida cotidiana normal si sus pruebas funcionales respiratorias previas eran adecuadas. “Si el tumor ha sido extirpado en su totalidad, es casi una curación. En algunos casos no se hace más nada”, puntualizó, aunque aclaró que los análisis de inmunohistoquímica posteriores a la biopsia definirán si se requiere o no algún esquema de quimioterapia coadyuvante de refuerzo.

Si bien el Pontífice podría retomar tareas de despacho de baja exigencia física de manera gradual antes de cumplir el mes de reposo, el facultativo reiteró que la autorización para volar debe quedar supeditada a una ventana de seguridad mucho más amplia. “Asumir ese riesgo me parece innecesario”, concluyó González Lelong, al insistir en que los tiempos médicos de cicatrización pulmonar deben primar sobre cualquier compromiso de agenda

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