Advierten que el agotamiento psíquico está detonando una ola de violencia social

​El reconocido psiquiatra Enrique De Rosa Alabaster analiza el fenómeno del "burnout" colectivo en diciembre. Advierte que la falta de recursos emocionales reduce la capacidad de pensar y activa respuestas primitivas. Las claves para frenar la agresividad antes de las fiestas.
Actualidad09 de diciembre de 2025
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Diciembre suele ser sinónimo de balances, festejos, pero también de una tensión palpable en las calles. La frase "tengo la cabeza quemada" se repite en oficinas y cenas familiares, pero detrás del coloquialismo se esconde un fenómeno clínico preocupante. En una reciente entrevista radial, el Dr. Enrique De Rosa Alabaster —médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y legista— desmenuzó la relación directa entre el agotamiento extremo de fin de año y los estallidos de violencia que vemos a diario en el tránsito y la vía pública.

​De la profesión a la sociedad: la masificación del Burnout
​Si bien el término Burnout (o síndrome de la cabeza quemada) nació hace más de dos décadas vinculado estrictamente al ámbito laboral —afectando a médicos, policías y bomberos en contacto con situaciones traumáticas—, el especialista advierte que hoy el concepto ha mutado hacia un fenómeno social generalizado.

​"Lo que se plantea hoy es gente que llega en un estado de indefensión", explicó De Rosa a LA BRÚJULA

A diferencia del estrés común —donde el sujeto, mal o bien, conserva una estrategia para actuar—, en los cuadros traumáticos actuales la persona se queda "sin recursos psicológicos y, sobre todo, sin recursos emocionales". Este desgaste acumulado durante el año no es simplemente cansancio; es una incapacidad de defensa que deja a la psiquis vulnerable.

El eslabón perdido: cuando el agotamiento se vuelve agresión

​El punto más alarmante del análisis del Dr. De Rosa es la correlación entre este desgaste cognitivo y la violencia. Cuando el cerebro está agotado, pierde su capacidad más sofisticada: el discurso y el pensamiento complejo.

​"Ante esa falta de recursos, yo me vuelvo violento", señala el psiquiatra. Es una caída del nivel cognitivo: al no poder discutir temáticamente ni procesar la frustración, el sujeto recurre a los recursos primarios. "El sujeto totalmente debilitado da la impresión de ser fuerte, pero en realidad ha perdido toda capacidad de reacción y la única que le queda es la violencia", detalla De Rosa.

​Esto explica por qué incidentes menores —una discusión de tránsito o una fila en el banco— escalan rápidamente a situaciones físicas o letales. Se rompen los frenos inhibitorios. "Es como si yo abriera una compuerta y la violencia ya no tiene fin", ilustra el médico, haciendo referencia a casos recientes donde discusiones banales terminan en tragedia porque los involucrados no pueden detener la escalada.

​El efecto contagio y la validación de la furia

​A este escenario neurobiológico se suma un factor sociológico: el efecto copycat (conducta de imitación). De Rosa advierte que la violencia se ha viralizado y, peligrosamente, se ha naturalizado como un recurso dialéctico válido.

​"Ya no tenemos el tabú de la violencia; la violencia aparece en primer plano como validada", afirma el experto. Al ver constantemente agresiones en redes y medios, la sociedad empieza a imitar estos comportamientos como respuesta estándar ante el conflicto, generando un círculo vicioso de hostilidad.

​¿Cómo sobrevivir a diciembre? La estrategia de la pausa

​Frente a la presión de tener unas "felices fiestas" en un contexto de crisis económica y tensión social, la recomendación médica es contraintuitiva: no forzar la felicidad, sino aceptar la realidad.

​Sugiere salir de la "reacción" para pasar a la "acción". Para lograr esto, es vital ganar tiempo neurobiológico:

​Tomar distancia: "El establecer una distancia nos permite que actúen otras zonas del cerebro, nuestra corteza frontal, y nos permite pensar", explica.
​Diferir la respuesta: Ante una provocación o momento de estrés, no responder de inmediato. Cualquier actividad física o pausa que implique una descarga motora controlada (caminar, moverse, lavarse la cara) ayuda a "parar la pelota".

​Bajar la autoexigencia: Aceptar cómo se llega a fin de año y cerrar balances con lo que pasó, no con lo que "debería haber pasado".

​"La violencia aparece cuando se pierden los recursos", concluye De Rosa. En un mes caracterizado por la aceleración, la herramienta más potente para la salud mental parece ser, paradójicamente, la capacidad de detenerse.

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