El Cardenal Ángel Rossi instó a una “Iglesia en salida” que no cuente a los pobres, sino que los abrace

Durante la Misa Solemne por el natalicio del Beato Mamerto Esquiú en Piedra Blanca, el purpurado llamó a abandonar los “estatus de confort” y a buscar a los heridos en las periferias de la historia.
Actualidad11 de mayo de 2026

En el marco de la celebración del bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, el Cardenal Ángel Rossi presidió la Misa Solemne frente a una multitud de fieles y autoridades. En una homilía cargada de compromiso social, el purpurado cordobés exhortó a la comunidad a vivir una fe activa, siguiendo la impronta del Papa Francisco y el legado del "humilde fraile".

“En esta hora de la Iglesia se experimenta como urgencia afinar la mirada para contemplar la realidad y agudizar el oído para escuchar el espíritu que no deja de gemir en los clamores y en las complejidades de la historia, en los rostros y en las heridas de los más pobres”, sentenció Rossi al inicio de su alocución.

Salir de las "trincheras" de confort

El Cardenal fue contundente al pedir a los fieles un cambio de actitud frente a los desafíos actuales. Manifestó que existe una “urgencia de salir, desacomodarse, abandonar los estatus de confort y parálisis en los que tantos creyentes a veces estamos atrincherados”. Para Rossi, el futuro de la Iglesia se juega en la capacidad de ser una institución de "puertas abiertas".

“No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta; es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales, en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden”, afirmó, haciendo un llamado a la acción misionera directa.

El imperativo del abrazo

Retomando el pensamiento de Don Primo Mazzolari, el Cardenal Rossi dejó una de las definiciones más fuertes de la jornada respecto al trato con los desposeídos: “A los pobres no se los cuenta, sino que se los abraza”.

Profundizó esta idea señalando que la humanidad necesita de ese encuentro físico y espiritual, especialmente cuando se encuentra “herida, disminuida o sofocada por la exclusión y el estigma, hecha añicos y sin saber cómo rehacerse”. Según el purpurado, la presencia fraterna es la única forma de decir "aquí estoy" y "no estás solo".

Esquiú como desafío presente

Para finalizar, el Cardenal Rossi aclaró que homenajear a Esquiú no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino un compromiso político y cristiano. “La memoria de Fray Mamerto no es solo un recuerdo del pasado, es un desafío para nuestro presente”, señaló, pidiendo para los argentinos un corazón “sensible ante el dolor del hermano, valiente para defender la verdad y humilde”.

La celebración cerró con una invocación a la Virgen del Valle, pidiendo que el ejemplo del beato guíe la construcción de una nación más fraterna.

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