
Imputan e indagan a un policía por amenazas, violación de domicilio y desobediencia judicial
Actualidad02 de julio de 2026vigentes, declaraciones testimoniales y demás elementos de prueba que permitieron avanzar con la imputación
En un contexto de análisis sobre la seguridad estructural ante eventos sísmicos en la provincia de Catamarca, el arquitecto Nicolás Lindow, ex integrante de la Dirección de Obras Públicas, ha expuesto una visión detallada sobre la evolución de los estándares constructivos a raíz del sismo ocurrido en 2004. A pesar de que la provincia está categorizada oficialmente como zona sísmica 2, considerada de riesgo moderado por el INPRES, el impacto de aquel evento obligó a las autoridades y profesionales a adoptar precauciones extraordinarias, implementando modificaciones significativas en los sistemas estructurales locales. Entre los avances más destacados, se encuentra la prohibición del uso de aceros de 4.2 en elementos críticos como columnas y vigas, la adopción de normativas propias de la zona sísmica 3 para aumentar la seguridad, y la implementación de techos más livianos en edificios públicos y escuelas, con el objetivo de reducir la carga en la parte superior de las estructuras y mejorar su comportamiento ante movimientos telúricos.
El arquitecto subrayó que la esencia de la construcción sismo-resistente radica en la capacidad de soportar las cargas dinámicas generadas por los sismos, aclarando que incluso sistemas tradicionales como el adobe pueden llegar a ser seguros siempre que se incorporen tecnologías modernas, como aligerar las cubiertas. Asimismo, enfatizó en LA BRÚJULA que la prevención activa es un pilar fundamental, respaldada por la exigencia actual de presentar cálculos estructurales técnicos para toda nueva edificación, lo cual es indispensable para garantizar la integridad física de los usuarios. No obstante, advirtió que ninguna medida técnica es suficiente por sí sola frente a un evento de gran escala, por lo que resulta vital profundizar en la cultura de la prevención a través de simulacros frecuentes y una gestión de riesgos eficaz, donde la población sepa identificar zonas seguras y protocolos de evacuación.
El profesional aseguró que, si bien las obras públicas siguen normativas estrictas, persiste el desafío crítico de regularizar las construcciones particulares y viviendas informales, donde la falta de asesoramiento profesional constituye un riesgo latente, reafirmando que la seguridad sísmica es una responsabilidad colectiva que conjuga la ingeniería con la capacitación constante de toda la sociedad.
El Caso del Barrio Parque América
Al abordar el estado de las construcciones, en general, también hizo referencia a la situación particular de barrios como Parque América. Al analizar las fallas constructivas registradas, el profesional señaló que se debieron a diversos factores críticos que comprometieron la seguridad de las viviendas.
Se identificaron errores en la ejecución y una falta de refuerzos adecuados; por ejemplo, en la casa de un familiar del entrevistado, se observó que los hierros de la losa estaban colocados cada 80 centímetros cuando, según el cálculo correcto, debían estar mucho más próximos.
En este contexto, hubo fallas notorias por parte de la empresa constructora y una supervisión deficiente que permitió la ejecución de viviendas con debilidades estructurales. Además de los problemas de cálculo, se sumó una cuestión particular del terreno, ya que el suelo en esa zona es colapsable al entrar en contacto con el agua, lo cual, sumado a las deficiencias de construcción, agravó la situación.
Lindow concluyó que lo ocurrido en Parque América fue el resultado de una suma de situaciones que llevaron a que estas fallas se materializaran, subrayando la importancia vital de cumplir con las normativas y los cálculos estructurales para evitar riesgos en el futuro.











