
En el marco del Bicentenario de Esquiú, el Solemne Tedeum llamó a construir una patria en paz y comunión
En una jornada marcada por la doble celebración del 210° aniversario de la Independencia Argentina y el 173° aniversario del histórico Sermón de la Constitución, la fe y la patria se unieron en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle durante el Solemne Tedeum.
La ceremonia litúrgica fue presidida por el Arzobispo Metropolitano de Salta, Mons. Mario Cargnello, y concelebrada por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, junto a un numeroso grupo de sacerdotes del clero catamarqueño y la comunidad franciscana. El evento adquirió una relevancia especial al desarrollarse dentro del Año Jubilar por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú.
En su homilía, Mons. Cargnello realizó una profunda relectura del célebre "Sermón de la Constitución" de Esquiú, destacándolo como un heraldo de la paz cuya voz resuena con urgencia en el presente. El Arzobispo advirtió sobre la tentación de la división y la homogeneización, contraponiéndolas con el valor de la comunión. Al respecto, el prelado afirmó que Esquiú aparece como un heraldo de la paz, señalando que en nuestro tiempo también duelen los enfrentamientos alimentados por actitudes que intentan crear abismos entre los argentinos. En este sentido, instó a los ciudadanos y dirigentes a superar la lógica del conflicto para adoptar la responsabilidad compartida, tomando la figura bíblica de Nehemías como modelo para reconstruir el tejido social.
Cargnello profundizó en tres pilares fundamentales que, según el Beato catamarqueño, sostienen a una nación. Primero, se refirió a la libertad, entendida no como un egoísmo individual, sino como un compromiso que se pone al servicio de la comunidad y el orden. En segundo lugar, abordó el valor de la vida como el derecho fundamental y primario, que debe ser defendido y favorecido por las instituciones desde la concepción hasta la muerte natural. Finalmente, destacó a la Constitución como un motor dinámico para el progreso integral, que requiere gobernantes prudentes y ciudadanos comprometidos con el respeto y la fraternidad.
La ceremonia trascendió el ámbito católico con un momento de oración ecuménica, del que participaron representantes de la comunidad musulmana y de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, reflejando el anhelo de unidad que guio toda la jornada. Al concluir, Mons. Urbanč agradeció la presencia de las autoridades provinciales, encabezadas por el gobernador Raúl Jalil, y destacó el despliegue artístico de la Cantoría del Valle y la Orquesta de la Catedral, preparadas especialmente para este Año Jubilar. Asimismo, el Obispo hizo un llamado a la acción concreta, solicitando la colaboración de los fieles con Cáritas para asistir a los más necesitados, haciendo de la fe un gesto solidario tangible.
El acto finalizó con el canto a Nuestra Madre del Valle, cerrando una jornada donde la memoria del Beato Esquiú funcionó como puente entre la historia fundacional de la patria y el desafío actual de construir una sociedad más justa, humana y abierta a todos.




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