A 10 años del milagro de Emma: el testimonio de fe que desafió a la ciencia y conmovió a Catamarca

La madre de la niña sanada por intercesión de Fray Mamerto Esquiú relató cómo una reliquia y la oración inquebrantable transformaron un diagnóstico terminal en una vida plena.
Actualidad14 de mayo de 2026

A casi una década de aquel suceso que la ciencia médica no pudo explicar, la emoción sigue intacta. Ana Paz, madre de Emma —la pequeña protagonista del milagro que llevó a la beatificación de Fray Mamerto Esquiú—, compartió los detalles de una historia donde la fe tomó el relevo cuando la medicina agotó sus recursos. Hoy, Emma es una niña saludable que disfruta del dibujo, la natación y sus clases de inglés, dejando atrás un cuadro de osteomielitis crónica que amenazaba con un desenlace catastrófico.

El punto de inflexión ocurrió hace diez años, cuando el doctor Juárez le entregó a Ana una estampa de Esquiú con una reliquia (un trozo de tela) que había sido pasada por el corazón del Beato. En aquel entonces, Emma apenas superaba los dos meses de vida y su estado era crítico: una infección masiva estaba consumiendo el hueso de su pierna.

“Esa estampa es algo muy valioso. Yo le dije al Beato: 'sos mi última oportunidad'. Se la pasé por la pierna, le recé... era mi última chance”, recordó Ana con la voz quebrada por la emoción.

La recuperación fue tan repentina como inexplicable. Tras recibir el alta para pasar las fiestas en su hogar, bajo un estricto compromiso de controles posteriores, los nuevos estudios dejaron atónitos a los especialistas. “Cuando el doctor vio los nuevos estudios, se agarraba la cabeza y me preguntaba: '¿qué has hecho?'. No podía creerlo. Me decía: 'mirá el hueso, mirá el hueso', porque la tomografía mostraba algo totalmente distinto a lo que habíamos visto apenas una semana y media antes”, relató a LA BRÚJULA

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La familia conserva la estampa como una reliquia sagrada que pasará de generación en generación. Para Ana, la presencia del Beato en su hogar es permanente: “Fray Mamerto Esquiú vino para quedarse en nuestra casa”, afirmó, destacando que siempre que tienen la oportunidad, viajan a Piedra Blanca y a la Iglesia de San Francisco para agradecer.

A pesar de que Emma debe realizarse controles periódicos, su vida es la de cualquier niña de su edad. “Ella corre, salta... es una niña normal. Gracias a Dios está bien, es una niña sanita”, concluyó Ana, agradeciendo también el constante cariño de la comunidad catamarqueña que ha seguido de cerca el milagro de su hija.

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