Irán nombra como jefe de la Guardia Revolucionaria a Ahmad Vahidi, prófugo por el atentado a la AMIA

El general de brigada, sobre quien pesa una alerta roja de Interpol por la voladura de la mutual judía en 1994, asume el mando tras la muerte del anterior jefe en medio de la ofensiva de Israel y Estados Unidos.
Argentina y el Mundo01 de marzo de 2026Marisol OrtizMarisol Ortiz

En un movimiento que escala la tensión diplomática con Argentina, el régimen de Irán designó al general de brigada Ahmad Vahidi como el nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). El nombramiento sitúa al frente de la fuerza militar más poderosa del país a un hombre señalado por la Justicia argentina como uno de los autores intelectuales del atentado terrorista a la AMIA, que dejó 85 muertos en 1994.

​La designación, confirmada por la agencia iraní Mehr, se produce para cubrir la acefalía generada por la muerte del anterior jefe, el general Mohamad Pakpur. Según informes oficiales de Teherán, Pakpur falleció durante la reciente oleada de ataques aéreos lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní, una operación que ha descabezado a parte de la cúpula militar del país.

​Un perfil marcado por el terrorismo internacional

​Ahmad Vahidi no es un desconocido para los tribunales internacionales. Su figura representa uno de los mayores obstáculos en la relación entre Buenos Aires y Teherán:

  • Alerta Roja de Interpol: Desde 2007, Vahidi cuenta con un pedido de captura internacional vigente. La Justicia argentina lo acusa de haber participado en la planificación del ataque contra la sede de la calle Pasteur mientras se desempeñaba como jefe de la Fuerza Quds.

  • Antecedentes en el poder: Vahidi ya había ocupado cargos de relevancia como Ministro de Defensa y Ministro del Interior, nombramientos que en su momento fueron repudiados enérgicamente por la Cancillería argentina y asociaciones de víctimas.

  • Contexto crítico: Su ascenso al máximo cargo de la Guardia Revolucionaria ocurre en el momento de mayor vulnerabilidad del régimen iraní en décadas, tras la confirmación de las bajas de sus principales mandos militares y el fallecimiento del líder supremo en los recientes bombardeos.

​Este movimiento es interpretado por analistas internacionales como una señal de desafío y radicalización del Consejo interino de Irán, que opta por un perfil de "línea dura" vinculado a operaciones de inteligencia exterior para reorganizar sus fuerzas tras el impacto de la ofensiva aliada.

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